Dejadme contaros una historia, algo que ocurrió el pasado jueves y que creo yo que no puede dejar de comentarse: no por los protagonistas de la historia, sino porque una situación como esta no puede pasarse por alto.

Resulta que aquella tarde, en torno a las 19:30, andaba yo con mi princesa en la entrega de premios del II Certamen 20Blogs en Négone: premios, risas, bebercio de gratis y esas cosas hasta la una de la madrugada, “jo que noche”. Esto no me sirvió de mucho a decir verdad, no gane nada ni tampoco me lleve algo de la fiesta (mas que una camiseta y un rotulador mangao a la organización...), pero me ahorró, seguro, mas de un problema: a esas horas llegaba mi madre del trabajo y se encontraba con una situación con la que desde hace un tiempo tragamos los vecinos de la Calle de la Trinidad.

Abajo de mi casa hay una sede de una empresa de logística (a.k.a. envio de paquetes, lo que pasa es que si pones “logistica” como que queda mas profesional) cuyo nombre no quiero mencionar, dado que la casa matriz no tiene la culpa, mas que nada porque creo que esto es rollo franquicia y las tintas deberían de cargar contra quien deben cargar. Desde hace casi dos años la empresa y los vecinos de los edificios colindantes han vivido una situación tirante por cuestiones de tráfico: que la calle no es muy ancha y en ocasiones las furgonetas de la empresa están aparcadas en las salidas de vehículos de algunas de esas casas. La empresa suele llamar a la grua cuando alguien cubre su entrada, mientras que los propietarios recurren al claxon para acceder a sus plazas.

A lo que iba: mi madre volvía de trabajar y quería meter el coche en el parking. En el vado de la empresa de logística había una furgoneta de la misma, algo que dificulta dicha maniobra. El caso es que, en la zona de acceso al parking de mi edificio, había una moto de un empleado de la empresa, vehículo con el que se encontró mi vieja y que le hizo replantearse la maniobra. Metió la marcha atrás y tocó la furgoneta con su coche. Uno de los empleados salía a ver que ocurría: mi madre le preguntó si le había dado a la furgoneta, mientras que el conductor de la misma le indicó la manera de entrar al parking. La maniobra era complicada, por lo que le dijo que era imposible hacerla con la furgoneta ahí, a lo que el empleado respondió que estaba bien aparcada (en un vado de su propiedad...ahí entra la valoración de cada uno sobre si está permitido o no), comentandole por contra mi madre que la moto ubicada en la puerta de mi casa tambien estaba bien aparcada.

Hasta ahí, todo “normal”: las cosas llevan siendo así unos cuantos años pero en el caso que me afecta no hemos tenido ningun problema con la gente de la empresa, ni cruce de palabras siquiera mas que “por favor, que tengo que entrar a mi aparcamiento” y esas cosas. De ahí que me resulte todavía mas rara la reacción del dueño del local franquiciado: “no digas estupideces, estoy harto, os voy a matar a los dos (lease mis viejos), volveos a vuestro puto pais”. Esto a los gritos, en plena calle y con mi madre sola: el tema acabó con mi madre llamando a la policía local y teniendo que hacerse un electro, un vecino ayudandola a tranquilizarse y el “elemento” este, para su casa a cenar y hacer vida normal. No se si sería consciente, pero ninguno de los chicos de casa estabamos presentes: mi viejo llegaba unos 10 minutos despues de trabajar, mi hermano andaba escalando y yo en la mencionada fiesta. Las bajas las cubrió, con creces, nuestro vecino Jose, un autentico crack, que ayudó a mi madre a tranquilizarse.

La denuncia está puesta en la Guardia Civil, pero no es eso lo que me importa: puede que el juicio salga y que este hombre “pague” de alguna manera lo que ha hecho, puede que no salga y que se vaya de rositas. Puede que esto que escribo sirva para que mucha mas gente se entere de la situación y que vean lo que ocurre en la calle de la Trinidad, dejando de preocuparse los que quieren mandar desde fin de mes en este pueblo de parkings, promesas y esas cosas y viendo lo que le pasa al ciudadano de a pie. Lo que de verdad me importa, lo que me trae de cabeza, es que tengo que salir a la calle y cruzarme con un tipo que ha amenazado de muerte a mi familia por intentar aparcar su coche y que lo único que pueda hacer sea aguantarle la mirada.