Me aburro...¿Queda spiz? ¿No? Pos me pongo a escribir...

Lo siento, pero no pude. Y mira que puse ganas, que puse todo mi empeño en que saliese adelante. Intenté interesarme un poco por lo que veía escrito, pero ya no era lo mismo. No se, algo fallaba, no me aportabas nada desde el martes. Veía que estabas ahí y no me dignaba a leerte. Me aburrías. Por eso te dejé ir. Por eso te devolví.

Sumo un cuarto libro a mi lista de “algún día os terminaré”. Se sube al podio, desbancando del primer lugar a “El clan del oso cavernario” (no me describas a un cromagnon: sencillamente dime “es como Dani Alves pero mas bajito”) “En busca del tiempo perdido”: Marcel Proust ha conseguido lo que nadie con ese viaje por su infancia en la que el señor Swann era un caballero en su casa y luego un putero. O esa es la impresión que me quedó hoy, después de haber dilapidado mi tiempo sentado en el metro leyéndolo antes de ir a trabajar. Menos mal que antes me ocupé de otros asuntos como sentar las bases de un artículo que tiene que estar listo antes del lunes por la mañana (esta noche lo paso a limpio) y a leer las noticias del día, muchas de las cuales he olvidado. Y es que hoy he cobrado algo de dinero, lo de esta semana de la oficina: y aunque no es mucho, pues siempre sales a la calle con la ilusión de encontrar algo que te gusta y que tenga un buen precio, algo que tu pagarías (y mas yo siendo un autentico ratanui). Tenía la idea de pillarme unos vaqueros, ya que ando huérfano de esta prenda desde que algún insensato se hiciese con mi maleta de cuero y con ella se llevase aquellos vaqueros de Pepe Jeans que tanto me molaban, pero me di una autentica hostia mirando precios: y es que arranca nueva temporada, las rebajas ya terminaron y siendo los jeans una prenda de vestir para cualquier época del año pues los precios no suelen bajar mucho. Quizás en Villalba consiga algo, que aún andan algunas tiendas de remates; sino, que coño, unos del Carrefour, que los puedes matar a usos y nunca te fallan; que no me importa la moda, a mi lo que me mola es ir cómodo.

He de decir que ya me empieza a sentar mal el corte de pelo. No, nadie me dice cosas, ni me dan collejas en la nuca. La gente empieza a mirarme raro, no se, pensaran que soy un skinhead: bajé por Fuencarral y todo dios mirándome. No llevaba las míticas Doc Martens (quicir, las botas de skin), pero la chaqueta esa tan chula del Springfield que me regalo mi madre parece, para cualquier inculto, una “bomber”. Así que con el pelao que llevo y la chaqueta pos normal que piensen lo que no es. Terminé sacándomela por eso y por otra cosa: venía reflexionando mientras bajaba por Fuencarral en el título del documental de Davis Guggenheim. Es cierto que lo del calentamiento global es “una verdad incómoda”, pero es incómoda porque en estos primeros días de marzo sales por la mañana con chaqueta y jersey y a las cuatro de la tarde pues te mueres de calor como de un poquito el sol. Si tenemos a los almendros engañaos, y los guiris van en pantalón corto por la vida. Así debería de hacer yo: ponerme unos cortos y “san se acabó”. Paré en mi FL de referencia (Fuencarral) y salí acojonado por precios: ni una jodida oferta de esas que tienen siempre, todo AF1 y las Jordan XXII por 179.99 leuros.

Ya en la parte que es Montera, muy cerca de Sol, tuve una genial idea, una cosa que algún día tengo que hacer: pararme en el centro de la calle cuando no vengan coches y gritar “¿Quien me la chupa por 50 euros?”. Igual algún descerebrado lo hace algún día y se encuentra sin pantalones en diez segundos tirado en medio de la calle. Desistí de mi idea viendo como se la gastan algunos chulos y seguí hacia Sol. Ni una sola oferta en tiendas cercanas, sólo vi unas Converse Weapon por 39 euros pero del 39.5 (jodeeeeeeeer). Total, que después de hablar con Irene (si, vida, estaba solo), decidí poner rumbo hacia FNAC, dado que, si no iba a comprarme ropa, pues al menos iba a irme con algún producto cultural. Iba con la idea de hacerme con un libro y por mi madre que no me iba de allí sin uno. Tras mirar mucho entre los de bolsillo y ver pocos que me agradasen, opté por irme a la sección de Política: mucho libro de Karpucinsky (¿Sabíais que fue Premio Príncipe de Asturias? Que ya ha pasao, no vivas de viejos laureles, hombre!!) y allí, en una esquinita, un libro que tenía en mi cabeza desde hace mucho: una edición de bolsillo de “Hegemonía o Supervivencia” de Chomsky. Política exterior, el poder del Estado y mucha (mucha) conspiración, pero jodidamente bien redactado por un crack. Y TAN SOLO 4.75!!! Señora, hágame el favor y pílleselo, que le aseguro que será un buen gasto. Miré el de Reverte de pasada pero eran 18 pavos, así que pasando hasta que alguien me lo regale o tenga más dinerito en el bolsillo. Y allí estaba yo en la caja cuando de repente se pone detrás de mí un hombre de semblante conocido. Dos libros en mano, de esos que no conoces más que a través de las referencias de los periódicos, de esos que tú no leerías por gusto a no ser que te los recomienden. Hace un clásico gesto: tarjeta de debito, DNI y tarjeta de socio de la FNAC. Me toca, paso mi libro y mi dinero en efectivo. Cuando la cajera te deja ese pequeño vacío de cortesía para que le hagas algún comentario o sueltes algún chascarrillo comienzo mi conversación:

-: ¿Tienes que pedirle el DNI a todo el mundo que pague con tarjeta?
-: Si
-:¿Incluso a este señor que tengo detrás?
-: A todos...
-: No creo que te time, es quien dice ser en la tarjeta de crédito...

La chica se quedó rallada, me dio mi bolsa y me fui con un “hasta luego”. Me giré y vi al hombre de la fila mirarme y sonreír. Era Juan José Millas.

Y así anduve unas cuantas calles, disfrutando de ese calorcito que hacía hoy en el centro de Madrid, viendo como la gente llevaba sus chaquetas bajo el brazo o al hombro y pensando en sus findes. Al final, en Plaza de España me metí al metro (cuando empieza la subida chunga para llegar a Moncloa) y ya me bajé en el intercambiador. Iba saliendo y dije adiós con el corazón, “hasta otro momento en el que me aburras menos” a Marcel Proust y sus recuerdos de niñez, y me subí a casa en busca de mi tiempo perdido. A ver si me lo devuelven los de Bibliometro...