Hace un par de días os hablaba de mis candidatos para los Oscar. Al final Whitaker se llevó el de mejor actor, y aunque “Pequeña Miss Sunshine” no se llevó el de mejor película (ya era hora, Scorsese!!), se la reconoció con el mejor guión. Lo que me jodió fue lo del documental: aún no he visto “My country, my country”, pero me da que cualquier coñazo de la PBS (quicir, la tele publica americana) tiene mas mensaje que “Una verdad incómoda”. El documental de Davis Guggenheim nos muestra el cambio climático que está produciendo el efecto del calentamiento global, basándose en unos textos que defiende, conferencia tras conferencia, el ex vicepresidente americano Al Gore.
He de reconocer que antes el colega me caía bien, dentro de lo bien que te puede caer un americano: no en vano fue el tío que se quedó con cara de tonto cuando Bush le robó las elecciones en el 2000. Cualquiera diría que en un caso tan alarmante lo mas sensato sería montar una como la de López Obrador en Méjico, o en su defecto inventarte tu propio país (con casino y furcias), pero aquí el colega dio por perdida la batalla, reconoció los resultados y se fue con viento fresco a dar una y otra vez la misma conferencia. En ella, con bases científicas y experiencias propias, Gore nos cuenta como ha cambiado el mundo en el último siglo y nos da “soluciones al cambio climático”. Amos a ver, Alberto, explicame una cosa: tu vas, sueltas tu mierda de que el mundo no aguantará mas y nos sueltas a los ciudadanos de a pie que tenemos que consumir menos energía. Vas y nos dices que compremos bombillas de bajo consumo (mas caras), que tomemos alimentos y verduras orgánicas (mas caras) y que básicamente no consumamos tanta electricidad. No, no puedes ir e instar a tu gobierno a que apruebe el Protocolo de Kyoto, que controla las emisiones de gases invernaderos a la atmósfera para evitar el calentamiento global...¡joder! ¿como vas a hacerlo, si tu eras vicepresidente cuando se redactó el asunto y tu administración no lo aprobó? Ya no solo es eso, sino que encima tienes un palacete y gastas un huevo en electricidad. Luego dirás que no llegas a fin de mes y que tienes que ir a soltar la chapa con tus conferencias. No digo que el documental que se ha hecho sea malo, para nada: si su intención es informar e intentar que el mundo cambie, bienvenido es; pero si se basa en una cháchara tuya que encima cuesta dinero (490 pavos costaba la graciaen Madrid) y que te dará cuartos, como que pasando. Prefiero ver el de la PBS o el genial “Jesus Camp”.
Volviendo a los Oscar, entre los primeros premios que se entregaron estuvieron los de mejor cortometraje: la niña de “Pequeña Miss Sunshine” (que me recuerda a mi enana) y el de “En busca de la felicidad” (el hijo de Will Smith) dieron los nombres de los candidatos y ahí había dos españoles: Borja Cobeaga y Javier Fesser. Al final ninguno de los dos se lo llevó, tenían enfrente a uno de los mejores del último año, “West Bask Story” (una sátira del conflicto entre Israel y Palestina en clave musical –“West Side Story”-). He de reconocer que “Eramos pocos” no estaba nada mal, pero el de Fesser tenía algo.
He de reconocer que soy un gran admirador de la madre y el padre de este elemento (y por ende de su hermano Guillermo...o no, que todo puede ser en esta vida) por haber parido mentes tan cachondas para ciertas cosas y a la vez tan serias para otras. Ya me dejó en su momento doblado por los suelos con “El Secdleto de la Tlompeta” (esas bombonitas!!) y siguió en esa linea con “El milagro de P.Tinto”. Cuando me enteré que uno de sus cortos andaba de candidato pa los Oscares esos pues me esperaba algo así, pero no: Fesser nos da en tol jepeto con una historia que arranca en Senegal, y que nos habla de valores morales que tienen que estar presentes en cualquier sociedad que se considere igualitaria. ¿El mensaje? Brutal. Creí que iba a ganar la estatuilla de calle, viendo como andaba el tema África en los premios (Whitaker, “Blood Diamond” –Di Caprio, Hounsou-, etc...), pero los críticos y el resto de los votantes prefirieron a otro corto. Será que está chulo ver como se matan entre ellos y que los occidentales vayan a imponer el orden o a contar lo que pasa, pero que mal visto está que sean los negros los que nos den lecciones.
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