Mi pijama

Este año por Navidades me venían advirtiendo desde semanas antes que iba a recibir “lo que siempre había querido”. En cierto modo por esas fechas me habían hecho (o yo había hecho, depende de quien lo viese) un regalo de Navidad de lo mas bonito, pero no era eso lo que ellos pensaban darme. Al final llegó el 25 de Diciembre y allí me encontré mi dichoso regalo: un pijama.
Es algo mas que habitual que en esas fechas, esa abuela o esa tía que no sabe que regalarte te ponga debajo del árbol un pijama, una corbata o dinero para que compres lo que quieras (opción mas habitual en Reyes, cuando han agotado la del pijama). Sin embargo, yo llevaba con la coña de que quería un pijama desde Noviembre. Mi madre, ni corta ni perezosa, una mañana salió temprano a comprar los regalos y lo vio, uno que decía que me podía quedar ideal. No gastó mucho (un par de semanas después lo vi en el mercadillo por cinco euros), pero en estos casos no importa el dinero que gastes, sino la ilusión que haga. Y que contento me fui yo a la cama en la madrugada del 24 al 25 con mi pijama a rayas azules, que me queda un poco corto de mangas pero para estar en el ordenador es práctico.
Hay días que me levanto y no me lo quito hasta tarde, hasta las doce o la una del mediodía, cuando tengo que ponerme algo mas serio o salir a hacer algún recado. Más de una vez me he dejado el pantalón debajo de los vaqueros para no pasar frío, como cuando tenías 11 años y salías temprano para el cole. Es de franela, o sea, que ahora abriga (y mas con el frío que hace últimamente), pero que de aquí al verano pasará al armario y luego veremos lo que aguanta, que los pijamas de mercadillo son muy suyos. En verano no se que haré: si me pongo pijo y tengo ganas de gastar algo de dinerito en mi me compraré uno así mas fino, que abrigue poco; sino, a lo clásico, a dormir con calzoncillos y camiseta.
Hasta hace un tiempo yo dormía así, antes de tener mi pijama: no era por no decir “oye, que me voy a comprar un pijama que ya está bien”, era por pura comodidad. Eran las ganas de quitarme la sudadera y los pantalones y meterme en la cama, el no tener que andar revolviendo armarios o pilas de ropa en busca de los pantalones o de la parte de arriba. Eran las ganas de acabar con el jodido día y descansar un poco de todo: de las clases, de las movidas en casa, de la gente que me agobiaba y así con todos los marrones que tenía que comerme. Tengo que decir que a veces no tengo mucho cuidado con mi pijama: se ensucia muy rápido y la mugre se nota bastante, sobretodo si es una mancha de café con leche (por la mañana) o de algún postre (por la noche). De todos modos, mi pijama y yo tenemos una buena relación. O al menos la tuvimos durante un tiempo.
Ahora no quiero tenerlo puesto, ni el quiere que me lo ponga. Extraña que de repente alguien lo coja y lo deje tirado en otro sitio, que poco a poco le vayan quitando los botones a la chaqueta y que quede encima de una silla o perdida entre las sabanas. Muchas veces por la mañana siento como se queja de que sea yo quien me lo quite y lo doble para meterlo debajo de una almohada sobre la cual solo se apoya mi cabeza. Igual que yo, echa de menos esos arrebatos a cualquier hora, esas ganas de superar la barrera que crea una tela y estar piel con piel, para luego andar pensando en donde quedo cada parte. Añoro la felicidad de saber que estoy desnudo pero no descubierto, de estar destapado pero no desprotegido. Por eso creo que me lo pongo todas las noches, no ya por protegerme del frío, sino por mantener esa esperanza de amanecer una mañana sin el, y que nos mire de lejos.
PD: Hoy fue un día que arranqué bastante quemado y que terminó muy bien. Con cami del Estu, descojone de los vikingos presentes y un rato con los amigos, que nunca está de mas. No, todavía no he cobrado, y me jode mas aún pensando que mi viejo se va mañana a Logroño: hubiera caido alguna cajita de Rioja o en su defecto una bufanda de "antiosasunista"...xD.

Tu princesita dijo
^^ Tu siempre sabes utilizar las palabras adecuadas para expresar cualquier situación. Yo también añoro tu pijama, sus rayas y sus botones. Añoro verte con "él" puesto. Creo que cuando vuelvas a venir a Barcelona te devuelvo la sudadera y me quedo con el pijama, va? ;) Total... estas acostumbrado a perderlo entre mis sábanas...
Ya tengo ganas de veros a los dos en febrero!! Besos!
24 Enero 2007 | 12:34 AM