Cuando fuimos los mejores...
Marcelo Richotti, Esteban De la Fuente, Sam Ivy, Diego Maggi y Wallace Bryant. Entrenador: Néstor García. 31 de Mayo de 1994, General Pico (La Pampa, Argentina). Este grupo de hombres y esta fecha quedaron grabados como el primer recuerdo en mi memoria baloncestistica de verdad. Siempre me decían que yo de pequeño miraba partidos con mi tío, además de jugar los de mi categoría. Con 10 años estaba dando mis últimos pasos en mi primera etapa como jugador: todos crecían y yo no, por lo que poco a poco me fui desilusionando. Quien sabe que hubiese sido de mi si ese día Peñarol de Mar del Plata no hubiese conseguido la primera Liga de su historia y el primer triunfo de dicha ciudad en el baloncesto argentino.
A partir de ahí nada fue igual para mí: comencé a ser asiduo al campo con mi tío, me interesaba por la actualidad del equipo, intentaba ver cada vez más basket por televisión o llegaba a oírlo por la radio. Pocas veces tuve la oportunidad de verlo en vivo cuando era un enano, pero los clásicos entre Peñarol y Quilmes los vivía con una intensidad más allá de lo normal. Disfrute como un loco viendo a Argentina derrotar a Estados Unidos en los Juegos Panamericanos de 1995 con Richotti y Maggi como héroes locales (la tienda que tenía el ala-pívot era de las pocas donde se podía conseguir material NBA). En fin, pasé de ser un chico inquieto que disfrutaba jugando al basket con sus compañeros de equipo a ser un enfermo del baloncesto en todas sus facetas. Revistas, cintas viejas, partidos de LNB o NBA, devoraba todo lo que fuese baloncesto y pasase por delante de mí.
Quien me iba a decir que 12 años después las cosas iban a ser tan distintas: lejos de mi Mar del Plata natal, sigo relacionado cada día más con este deporte del cual cada semana me vuelvo más enfermo. Del mismo modo, Peñarol ha cambiado y mucho: el simpático lobo marino que era la mascota del equipo ha sido sustituido por uno más agresivo estéticamente; incluso uno de los patrocinadores del equipo, “Bonano” (una empresa metalúrgica) es propiedad de uno de los más reconocidos “hinchas” del equipo rival, Quilmes. Aun así, la gente no cambia, Peñarol sigue siendo prácticamente un club de barrio con repercusión nacional, y la gente de toda la vida y aficionados de nuevo cuño siguen haciendo del Estadio Polideportivo marplatense un autentico fortín.
En torno a las cuatro de la madrugada hora española, Peñarol conseguía en Neuquén su primer “Super 8”, una competición similar a la Copa del Rey española. Lo hacía derrotando a uno de los mejores equipos de la competición, Boca Juniors, por 75 a 74 en un partido que tuvo emoción hasta el final. Creo que no tengo que aclarar que estuve despierto hasta esas horas, sentado delante del ordenador escuchando por la radio el partido, sufriendo cuando Boca se acercó en el último cuarto y riéndome cuando Raymundo Legaria convertía el tiro libre que tenía que fallar con una décima en el luminoso. Solo las lágrimas fueron mis testigos en la madrugada madrileña, viendo como la historia se volvía a repetir doce años después. He lucido este fin de semana sudadera y camiseta del equipo milrayitas y lo seguiré haciendo unos cuantos días mas, pero estas cosas no se agradecen vistiendo de una u otra manera.
Se agradecen de este modo, profesando a través de este espacio que me dan en BKBALL mi felicitación al club que cambió el transcurso de mi vida y de mis actos ese 31 de Mayo de 1994. El 26 de Noviembre de 2006 Peñarol volvió a escribir con letras de oro una de las grandes páginas de su historia; desde aquí, mi mas sincera enhorabuena. Esté donde esté, siempre va a ser mi equipo.
Artículo publicado esta noche en BKBALL (www.bkball.net)
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